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Tinta

Y con mi pluma rasgo el papel, la tinta fluye y mis palabras hieren.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Apaisement 3; Un hogar roto.


Heaven.

Tardé bastante en acertar con la llave en la cerradura. Mi cabeza estaba en otra parte, aún seguía perdida en la mirada color musgo de Shane Olsen. Me sentía confundida y estúpida. No me podía creer como le estaba dando vueltas a un tema sin importancia. Solo había sido un  encuentro. Nada más. Me encontraba con gente todos lo días. Giré la llave en la cerradura y oí el familiar "clac" cuando esta se abrió. Sopesé la idea de volverla a cerrar, irme a dar una vuelta y retrasar lo máximo la hora de volver a casa, pero la descarté ya que tendría que darle explicaciones a mamá cuando volviera. Abrí la puerta y me quedé observando el recibidor. La primera vez que vi aquella casa me gustó bastante. De dos plantas, fachada color anaranjado, muchas habitaciones y un gran jardín trasero. Pero aún así no sentí que la podría llamar hogar.  Nunca. En cambio, ahora la odiaba sobremanera. La voz de mi madre llegó hasta mí cuando cerré la puerta.
- ¿Heaven? - me dijo desde la cocina -. ¿Eres tú?
- Si, ya he llegado. - le informé yo. Crucé rápidamente el salón directa a la cocina. No me paré siquiera a mirar al parásito que estaba sentado en el sofá al que mamá llamaba "novio". Reprimí el deseo de gritarle que se largara de aquí y no volviera, que dejara de destruir un hogar sin siquiera moverse del sitio. Llegué a la cocina. Mamá estaba sentada en la mesa, delante de un libro y con una taza de café en las manos. Antes de que se fuera siempre me había enorgullecido parecerme a mi madre: las dos teníamos esos ojos profundos, el pelo rubio, labios carnosos. Lo único que me distinguía de ella era que yo era bastante más alta y de pómulos altos, como mi padre. Pero ya no me enorgullecía para nada, no quería parecerme a aquella mujer que se fue sin avisar, sin dejar rastro, dejando a su familia rota. 
- ¿Qué te ha pasado? - me preguntó, mirando el corte de mi mejilla. Abrí los ojos, sorprendida. Se me había olvidado completamente que estaba allí.
- ¿Dónde está Angela? - respondí en su lugar.
- Te he hecho una pregunta.
- Yo también.
- Pero yo primero.
Suspiré, era imposible que diera su brazo a torcer. Pensé en una respuesta rápidamente.
- Me ha atacado una foca salvaje. - respondí, después de un silencio. Mamá me miró con severidad.
- Heaven, no hace gracia - me advirtió ella, dejando el café al lado del libro-. Dime la verdad.
- ¿Quién ha dicho que esté mintiendo? - le dije, y sonreí. Acababa de llamar foca a Ginna delante de mi madre. - ¿Dónde está Angela? 
Mamá suspiró.
-En el jardín.
Dejé la maleta en la encimera y me dirigí al jardín a toda prisa. Angela era mi hermana pequeña y la persona que más amaba en este mundo. No la veía desde este viernes porque había pasado el fin de semana con papá y Karen, su nueva mujer. Había vuelto esta mañana y papá la llevó directamente al colegio, por eso no la pude ver. Siempre había justificado de que me aferrara tanto a Angela por el recuerdo. El recuerdo de aquella familia que tanto amé. Llegué al jardín y estaba allí. Jugaba con Doggy, nuestro perro, corriendo por todo el jardín. La envidiaba, ya que ella no se parecía a la mujer que, supuestamente, era su madre. Se parecía a papá pero en versión infantil y femenina: ojos color avellana, tez morena, una sonrisa cautivadora... Lo único que la diferenciaba era ese cuerpecito delicado y grácil, como un pajarillo que está listo en todo momento para echarse a volar, y la melena rubia y rizada que se agitaba mientras corría por el jardín, lo único que teníamos en común. Parecía un rayo de sol extraviado en mi casa. Me vio y corrió hacia mí. La abracé y, en cuanto se soltó de mis brazos, empezó a contarme todo lo que había vivido este fin de semana, gesticulando con las manos. Que habían ido a coger setas, que papá se había caído en medio de un charco de fango, que Karen había empezado a aprender lenguaje de signos para hablar con ella. Ya que, por culpa de complicaciones en su parto, Angela había nacido mayoritariamente sorda. Me preguntó por el arañazo, pero le dije que un gato me dio un zarpazo mientras intentaba cogerlo. No quería que se preocupase. Miré la hora.
- ¿Quieres que tomemos algo y luego te llevé a tu clase de danza? - le pregunté moviendo las manos y los labios para que leyera mis palabras, deseosa de que dijera que si. Ella asintió. Admiraba el hecho de que Angela, aunque no oyera casi nada, se plantara en una clase de baile y lo hiciera como si nada. Como si para ella no fuera complicado interpretar las vibraciones y bailar aunque no oiga la musica. Y sobre todo, que a pesar de todo lo que tiene que conllevar, siga sonriendo. Recogí nuestras mochilas y mi skate. Le dijimos adiós a mamá. Masculle un "fuera, asqueroso" cuando pasé por al lado de idiota en el sofá y, tan pronto como había entrado, salimos de aquella casa que yo tanto odiaba. 

Con sangre, lágrimas y tinta.
Pandora.

1 comentario:

  1. Hola!!! Perdon por no comentar en tu entrada anterior era que estaba desconectada de blogger por examenes y eso, pero aqui estoy de nuevo :).
    Dios! Amo como escribes y relatas las cosas jaja xD me encanto este capitulo, Angela es tan tierna!!! bueno al menos en mi imaginacion lo es :P. Y no conozco al novio de la mama de Heaven pero hasta a mi me cae mal -.- Espero el otro capitulo con ansias! :)
    Besos!!

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